News from London
03.08.2010 - 29.08.2010
Ver
2010 - Sorrento, Roma, Florencia, Venecia, Milán, Barcelona, Londres
en el mapa de soullisten.
News from London (26/8/2010)
Hemos llegado a nuestra etapa final en el viaje. Atrás han quedado los colores, olores y sabores de la vieja Italia así como la moderna e independiente Barcelona. Ahora es tiempo de aprehender lo que nos ofrece Londres.
En Barcelona partimos del hotel hacia el aeropuerto luego de una noche de muy poco dormir. Nuestro equipaje ya hace rato que sospechosamente ha comenzado a engordar a tal punto que cuando el taxista me bajó una de las valijas me comentó sobre el peso del mismo. Le anoté que esa era la valija de Nathie, a lo cual se sonrió y me contestó que siempre sucede lo mismo, que el equipaje más pesado es el que lleva la mujer. Ante la aguda aseveración emitida sobre el tema, producto de su experiencia en el terreno, no pude hacer otra que sonreír y asentir al mismo tiempo.
Cuando llegamos a Londres el tiempo estaba todavía potable, con el cielo medio nuboso pero con una temperatura que rondaba los 18 grados. Pasamos en el término de pocas horas del calor de 30 – 34 de Barcelona a este “verano” inglés.
Por suerte el hotel está cerca de una estación del metro así que pudimos venirnos en el mismo. La zona donde está el hotel es Piccadilly, enfrente al Green Park. Al momento de hacer el check-in recibimos gratamente la noticia que nos hicieron un upgrade y nos dieron una habitación en los pisos ejecutivos. El hotel es muy lindo, con dos restaurantes y un inmenso salón para tomar el té que haría la delicia de los amantes del mismo. Mullidos sillones, espesos alfombrados, luces bajas, música de un arpa hábilmente tocada por una mujer y un ambiente con gente de un estilo muy inglés. Me encantaría que Nelsa estuviera con nosotros y poder tomar el té allí todos juntos.
Una vez hechos los trámites del check-in partimos a recorrer Londres raudamente, tan raudamente que no nos llevamos ni paraguas ni ninguna campera de abrigo, cosa que en Londres puede llegar a ser craso error.
Nathie se ha convertido en la persona que planifica la visita de la ciudad y es la que organiza para dónde vamos a ir cada día. Es así que arrancamos para la parte donde está el distrito real. A poco de caminar llegamos frente a la casa de Wellington donde nos encontramos con unos carteles que decían “free tour” para recorrer con guía esa parte de Londres. Ni cortos ni perezosos nos acercamos y hablamos con una chica muy simpática, que luego resultó ser venezolana, la cual nos confirmó que efectivamente el tour era gratis así que decidimos juntarnos al mismo para recorrer la zona con alguien que tuviera más conocimiento que nosotros. Fue cómico cuando nos preguntó en qué “hostel” estábamos alojados, pues no tuvimos más remedio que contestar que lo hacíamos en el Sheraton Park Lane agregando enseguida que Nathie trabaja en la compañía y era esa la razón de poder estar alojados allí.
Cuando llegamos al Buckingham Palace era la hora del cambio de guardia. Había tal cantidad de gente que casi no pudimos ver nada, excepto alguna mancha roja de las famosas casacas entre los intersticios que milagrosamente se producían entre la gente. De todas maneras recordé vivamente cuando estaba en la misma situación acompañado por Nelsa en una fría Semana Santa.
En ese maremágnum de gente la policía montada a caballo trata de mantenerlos (nos) a raya, para que no se vaya todo de madre. Unos turistas tuvieron la maravillosa idea de cruzar por entre medio de los autos, les gritaron de todo. Yo no sé cómo hacen estos tipos pero cuando te gritan lo hacen con un tono de voz que te congela y te impone respeto.
Luego de la visita a la gente que estaba presenciando el cambio de guardia en el palacio seguimos el tour por el resto de las atracciones. A poco de abandonar la zona del palacio comenzó a chispear, una gotita aquí, una gotita allá, dos gotitas aquí, dos gotitas allá y nosotros sin paraguas y sin nada muy especial para abrigarnos, qué felicidad.
La visita terminó en la zona del Big Ben, más precisamente en el jardín de la abadía de Wetminster. Como no podía ser de otra manera ya que íntimamente me lo había prometido llevé a Nathie al pub que está frente al Big Ben, lugar donde estuvimos con Nelsa aproximadamente a la misma hora. Como las mesas en la planta baja estaban todas ocupadas nos dirigimos a la planta alta. Para variar tuve que ir al baño así que dirigí mis pasos al subsuelo donde están ubicados. En el interín, al pasar nuevamente por la planta baja, veo que hay un par de mesas libres. Me acerco a un mozo que estaba vestido con kilt contando unas monedas y le digo que si me puede reservar una de las mesas un momento porque estoy con mi hija arriba y que la voy a buscar. El mozo me dijo que sí medio con cara de desconcertado, así que subí rápidamente a buscar a Nathie, al mismo tiempo que pensaba qué lindo y pintoresco el mozo vestido de tal manera. Cuando bajamos nos sentamos en otra mesa que había ya quedado libre, con mejor ubicación y nos dispusimos a comer algo. Luego de un rato me di cuenta que el tal mozo no era tal, sino que era un parroquiano más, de allí su cara de desconcierto cuando yo muy seguro le solicité la mesa.
Intentamos quedarnos en el pub hasta que la lluvia parara, pero eso en Londres puede significar traerse una cama, las valijas y quedarse varios días en el lugar. Al final no tuvimos más remedio que salir y dirigir nuestros pasos hacia el hotel, cantando (no precisamente, pero termina en “ando”) bajo la lluvia. Ya sé que podríamos haber comprado un paraguas extra (ya habíamos comprado dos en San Gimignano) pero consideramos que era excesivo tener en el equipaje cuatro paraguas, más aún cuando los estaban vendiendo a 10 y más libras.
Luego de llegar al hotel y que nos dieran esa vez sí la habitación, tomamos los paraguas, nos pusimos camperas apropiadas para pasear (aunque no hay nada apropiado para la lluvia) y volvimos a salir.
De noche vino Emily, la hija de Maxence y Lorraine, a vernos. La idea era salir a comer a cualquier lado pero llovía bastante y estaba frío así que nos quedamos a cenar en el hotel. Fue una lástima porque estar con alguien que vive en Londres te permite conocer lugares que usualmente un lugareño solamente conoce.
Como les mencioné casi al principio Nathie se ha convertido en la planificadora de los recorridos en la ciudad. Para el jueves preparó un extenso recorrido que comenzaba en el hotel y se iba hasta la City. Esta vez salimos a pasear más preparados, munidos de camperas y un gran paraguas (el que compré en Italia). A lo largo del recorrido (bajo lluvia muchas veces a lo largo de él) pudimos ir apreciando Londres en mucho de su contenido. Londres es una ciudad preciosa, muy cuidada, muy ordenada a pesar del tráfico (no se escuchan bocinas), adornada con flores en los faroles, limpia, muy limpia (deberíamos tomar el ejemplo los montevideanos), llena de pubs, restaurantes y comercios, con edificios de exquisito diseño. Sigo pensando que lo que le falta a Londres en determinados lugares es espacio para que luzcan más las cosas que tiene para ofrecer, porque en muchos lados es como esas casas preciosas que se construyen, muy grandes, pero que les falta jardín para hacerlas lucir más.
En cuanto a la gente que anda por la calle, al menos en toda la zona donde nos hemos movido, está impecablemente vestida, con trajes que producen placer verlos y querer comprarse varios. Ya que estoy hablando de la gente debo decir que los ingleses en su inmensa mayoría son sumamente amables para con uno cuando tenemos que salir de una duda o cuando te atienden en un comercio, cosa que muy a mi pesar muchas veces no es así cuando uno está en Francia.
Al final del día fuimos al teatro a ver “Love never dies” que es la segunda parte del “El fantasma de la ópera”. Este fue un momento muy especial para mí por varias cosas, la primera porque es el regalo para el Día del Padre que me hizo Nathie, la segunda por estar con ella (y gracias a ella) viendo la obra sentados en cuarta fila, la tercera porque en ese mismo teatro (qué casualidad) con Nelsa vimos Chicago y la cuarta porque cuando Christine, la protagonista femenina, canta la canción “Love never dies” , fue como que mi alma literalmente se transportara a miles de kilómetros y fluyera por el Universo, haciéndosela escuchar a todos los que amo, muy especialmente a Nelsa.
Luego de tan extensa y agradable jornada terminamos nuevamente cenando en el hotel, cansados pero muy felices de todo lo que vivimos a lo largo del día.
Para hoy viernes nos espera un largo recorrido por otros barrios de la ciudad. El tiempo se nos termina y sabemos que no vamos a poder descubrir a Londres en toda su extensión, pero por lo menos vamos a tener una idea relativamente aproximada de lo que ella es.
Hasta la próxima.
News from London (27/8/2010)
El viernes está terminado y con él también nuestro periplo por Europa. El día de hoy ha sido especialmente largo, al igual que el de ayer. Hemos caminado de lo lindo, comenzando por Kensington y terminando por la zona del Museo Británico, volviendo al hotel por Coven Garden.
No resta mucho para decir sobre los lugares que recorrimos. Hoy en especial decidimos recorrer las calles de la ciudad que mencionaba la guía, agregándole a ello un poquito de mi conocimiento sobre la ciudad (ínfimo conocimiento).
A lo largo de la caminata fuimos observando los diferentes barrios de la ciudad. Kensington es un barrio más residencial donde se nota que vive gente de un muy buen poder adquisitivo. Basta observar las marcas y modelos de los autos que están estacionados uno detrás del otro, en una seguidilla interminable: Mercedes, BMW, Audi, Lexus, Ferrari, Bentley, etc, etc, etc. Las casas son de dos pisos, muchas de ellas con un pequeño jardín que da hacia delante. Me hubiera gustado mucho poder visitar el interior de alguna de ellas. No pude saciar mi curiosidad en ese aspecto pero sí logré tener una idea levemente más aproximada de lo que cuestan algunas de ellas. Como desde hace ya tiempo nada me sorprende en materia de precios inmobiliarios aquí en Europa, no infarté cuando me acerqué a mirar las vidrieras con anuncios de venta y alquiler de casas en un par de inmobiliarias. Pueden comprar pequeñas casas que van desde 650.000 libras hasta 2 y 3 millones de libras (multipliquen por 1,5 para tener el precio en dólares) y alquilar por más de 1.000 libras por semana.
De Kensington nos fuimos para la zona chic de Piccadilly. Caminamos por Regent Street y Bond Street. Por supuesto me acordé mucho de Papá en esta calle, pues recuerdo que hace años Bond Street era el perfume que utilizaba. En estas calles están las principales marcas del mundo en lo que concierne a moda. Ver sus vidrieras es un placer para los ojos y un imposible para la billetera. Por aquí se encuentra Sotheby’s, la famosa casa de remates. Al llegar frente a ella pudimos ver los anuncios de un remate que se va a producir en octubre, donde el duque y la duquesa de no sé qué van a rematar más de 20.000 artículos de su propiedad, bla bla bla, bla bla bla. En resumidas, una manera muy elegante de decir que estamos vendiendo los muebles de la abuela.
En este recorrido hicimos una parada técnica en un pub, para darle una pequeña pausa al cuerpo y apagar nuestra sed. Es increíble la cantidad de gente que hay en los pubs y que no son turistas. A la hora del mediodía un montón de gente está dentro o afuera tomando sus pintas de cerveza. Es raro ver que estén tomando otro tipo de bebida. Muchos de ellos son gente que se nota por su tipo de vestimenta que están trabajando y que están en la hora del almuerzo. Luego de esas cervezas no sé cómo hacen para volver a sus empresas y seguir trabajando.
Más tarde llegamos a Oxford Street, calle que está llena de comercios y también de gente, muchísima gente caminando. Este tipo de gente es completamente diferente en su inmensa mayoría a la que vimos en las otras zonas de la ciudad que he mencionado previamente. Muchísimos turistas, unos cuántos árabes, algunos negros (me ha llamado la atención los pocos que hay en la ciudad) y londinenses vestidos con una ropa bastante más informal.
A pocos metros de entrar en Oxford Street pasamos por las vidrieras de una gran tienda de ropa. Al observar sus vidrieras observamos que había precios muy convenientes así que decidí suicidarme y le dije a Nathie que si quería entrara a ver qué había. Subimos al primer piso donde había ropa de mujer y para qué, casi fui violado por la multitud. Era un hormiguero de mujeres, comprando en forma desaforada, revisando blusas, zapatos, vestidos y camisas, poniéndose frente a su cuerpo las mismas, dejándolas luego de cualquier manera en el lugar donde supuestamente las habían sacado, cuando no terminaba alguna en el piso. Para intentar preservar mi integridad me puse sabiamente a un costado, tratando de no ser llevado por delante por alguna voraz compradora. Por supuesto Nathie se sumó con gran alegría a toda esta vorágine y por arte de magia la tuve que ayudar a cargar dos pares de zapatos, dos trajes de vestir y una blusa. Era tal la cantidad de gente que los pantalones de los trajes de vestir se los tuvo que probar encima de las babuchas que llevaba puestos, porque la cola para los probadores de mujeres era interminable. Hubiera seguido comprando si no le hubiera tenido que recordar que estamos con las valijas y los bolsos de mano hasta la boca, además del peso de los mismos. Para no sentirme disminuido ante tal muestra de consumismo me compré tímidamente un saco de vestir y unas medias, a sabiendas que iba a parecer un desgraciado frente a las montañas de ropa que los clientes de la tienda estaban comprando. Cómo será la cosa que a la entrada de la tienda hay grandes cestos para que cada cliente lo lleve colgado o en la mano y vaya poniendo adentro los artículos que va comprando.
Luego de tal arriesgada experiencia de la cual logré salir vivo seguimos camino por la Oxford Street, observando más gente y más vidrieras. A nuestro lado, en la calle, un montón de ómnibus y taxis principalmente rodaban en un ordenado y sorprendente silencio. Como creo haber mencionado, no se escuchan prácticamente bocinas, salvo alguna usada sagazmente para advertir a un desprevenido turista que se larga a cruzar la calle mirando exactamente para el lado opuesto al que tiene que mirar. Es así que primero vimos a un turista japonés que se largó a cruzar una calle y no se dio cuenta que le venía un taxi de atrás hasta que el mismo le tocó bocina. Fue cómico verlo porque el japonés no sabía para dónde tenía que agarrar para volver a la vereda, si para adelante o para atrás, si para un costado o para el otro. Luego más tarde, en Piccadilly Circus un par de turistas americanas se largaron a cruzar mirando para el lado contrario hasta que sintieron un buen bocinazo a sus espaldas. Cuando se dieron vuelta y se tiraron rápidamente para atrás (éstas sí tenían más sentido de la orientación) vieron un inmenso doble decker que siguió su camino. Es todo un tema lo de estar en un país donde manejan al revés de la inmensa mayoría del mundo.
En el recorrido llegamos al Museo Británico donde hicimos una muy pero muy breve visita, simplemente para mostrarle a Nathie algo de lo que los británicos se “trajeron gentilmente” de los griegos o los egipcios.
Seguimos camino por la ciudad y llegamos a Leicester square, lugar en el cual hay varios negocios que venden entradas de teatro a mitad de precio. Nobleza obliga, Nathie tenía razón y era en este lugar donde estaban los negocios previamente mencionados y no como yo decía que estaban cerca de Piccadilly Circus. Intentamos, vanamente, comprar entradas para ir a ver a Stomp o la obra en la cual está actuando Whoopi Goldberg; en ambos casos las localidades ya estaban agotadas.
Con las piernas cansadas, deseando que nuestro calzado se transformara en una suerte de patines volvimos al hotel, al final del día. Pensábamos salir de noche a algún pub, pero el cansancio y la comodidad nos convencieron de tener la última cena en Londres en nuestro hotel.
Termina aquí un periplo por la ciudad y casi ya termina nuestro viaje por Europa. Quedan atrás ciudades y gente distinta. No puedo contestar la pregunta casi de orden de qué ciudad me gustó más. Todas tienen sus cosas buenas y malas, sus características que las hacen únicas en su género. Son todas dignas de tener más de una mirada, de perderse entre sus calles y su gente, de intentar vivirlas desde varios puntos de vista. Todas en su conjunto hacen que quiera volver aquí una y otra y otra vez.
Publicado por soullisten 27.01.2011 13:08 Publicado en Inglaterra







